Los tiempos cambian, y no sólo porque haya competencia entre Olentzero, papá Noel o los Reyes Magos a la hora de traer la felicidad a los hogares. La mayoría de nuestros padres y madres tenían como favorito al rey Baltasar. ¿Y por qué? Porque era el distinto, el diferente... el exótico. Ahora nuestros hijos e hijas no lo tienen tan claro, se rifan el amor de todos ellos a partes iguales. ¿Por qué? Porque un rey moreno ya no es noticiable. De hecho, Ahmed y Yusuf comparten aula con ellos y tienen ese mismo tono de piel, y eso es algo que se contempla como algo normal.

Igual de normal era hasta ahora que los "otros reyes", los que aparecen en las monedas, llevaran la vida que llevaban, entre palacios, jet-set, yates, bólidos y astronómicas cuentas corrientes. Pero algo ha cambiado últimamente, y no sólo por el caso Urdangarin. Recordad que hasta hace cuatro días se veían obligados a casarse con sus primos y ahora lo hacen con modelos o figurantes de la tele...

Puestos a ser más tontos que un obrero de derechas, ser monárquico en estos tiempos que corren es algo digno de ser analizado tanto sociológica como médicamente. Esta circunstancia siempre me ha dado qué pensar... pero si bien es cierto que siempre sale el sol por la Txantrea, no menos cierto debería ser que ya es momento de que cambien las cosas de una vez por todas.

Por mi parte, o vuelve la hemofilia o hay que dar paso a la votación para la "botación", y ya mismo y hoy más pronto que mañana.

 

Texto: Mikel Razkin. 2012. Publicado en Revista Ezkaba 191 - Enero 2012.