Los reportajes sobre viajes son siempre algo sorprendente. Contemplo con asombro parejes inimaginables, fotografías de idílicos lugares que parecen extraidos de la más bella de las postales.
Por unos instantes esas imágenes me hacen viajar con ellas y me generan la duda de si la paleta de colores que las creó es real. Qué "suerte" estar allí - me digo en un principio.
Y dentro de mí una sensación empieza a inundarme, porque la realidad no posee tal gama de colores. Para que sobre el horizonte surja el arco iris antes el cielo tuvo que tornarse gris y haber llovido.

Precisamente en estos momentos y en este país son muchísimas las familias que no tienen la "suerte" de poder viajar en vacaciones porque para poder tomarse un respiro en el trabajo primero tienes que tenerlo. Así que no todas las experiencias estivales tienen por qué ser así.
Recuerdo una conversación en una humilde mesa, en compañía de una familia en un país que no voy a nombrar, sobre el menú que íbamos a compartir:
- Hoy comeremos arroz con "suerte" - señaló mi anfitrión.
- ¿Con "suerte"? - pregunté alertado.
- Sí, con "suerte". Si tienes "suerte" encontrarás un trozo de carne
El azar nada tuvo que ver para que el pedazo de carne más grande cayera en mi plato. La "suerte" no se asomó por la ventana ese día, pero me quedo con la idea de que, como he señalado antes, tras la tormenta siempre ha de surgir un arco iris con su inmensa paleta de colores.

Texto: Mikel Razkin. 2011.

Publicado en "Magazine" el 7 de agosto de 2011.