Dicen los antitaurinos que la tortura no tiene nada que ver con la cultura. Dejando a un lado la tauromaquia, esta sentencia se podría extrapolar a lo que irradian en ocasiones los medios de comunicación. Y digo irradian porque, por ejemplo, leer sobre Belén Esteban (ya no digo verla) es tan peligroso como manipular uranio. Sí, esta culturización nos está torturando. Que la televisión era un circo lo sabían hasta los más payasos, siendo nosotros los primeros culpables en permitir que así suceda al consumir toda la basura que nos transmiten. Si no fuera así, no estaría en antena la enésima edición de Gran Hermano. Nos pone torturarnos, ¿o qué?
Tal vez ya militara en sus filas, pero harto ya de criticar sandeces, de ser un quijote contra tanto molino, me voy a unir a la estulticia humana. De paso voy a ver si tengo suerte y me conceden mi primera hipoteca, que quiero unirme a la mayoría, quiero ser un esclavo al servicio de mi entidad financiera.
Y hablando de esclavos, ahora que me voy a
centrar en devorar programas y participo en los ratios de share, no puedo dejar de llorar la muerte del pulpo Paul. Este paradigma del sinsentido que ha llenado aún más las venas cavas del forofismo más absurdo, ha protagonizado unas portadas que bien podría haber acaparado cualquier otro asunto de índole política o económica. Elijan, que vamos sobrados de asuntos serios...
Ya encadenado a la caja tonta, sólo me falta dar un paso hacia delante y presentarme a un casting. "Mamá, quiero ser famoso". Que cómo voy a serlo... soy demasiado vago para ser gogó de discoteca, demasiado torpe para futbolista y demasiado viejo para DJ, así que lo mismo trato de absorber agua por el culo, como aquel gallego al que le dieron el Nobel. Pero para premios Nobel el curioso caso de Vargas Llosa, que tiene dos; el que acaba de concederle la academia sueca, y el que le otorgó nuestra alcaldesa cuando, en la visita del literato Dario Fo esta primavera, dijo que su rúbrica era la segunda de un Nobel, en referencia al escritor peruano, en el libro de honor de nuestra ciudad. Una de dos, o lo de Pamplona como Capital europea de la Cultura 2016 era una broma, o nuestra alcaldesa es una visionaria. El caso es que las dos circunstancias darían para seguir sacando espuma por la boca.
Lo dicho, como reza el título, pulpo Paul, requiescat in pace, tú que puedes, porque en lo que a mí respecta, visto lo visto, por ahora sólo puedo pedir que me entierren con un grano de uva en el paladar.
Texto: Mikel Razkin. 2010.
Publicado en Noticias de Navarra el 4 de noviembre de 2010.
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