El control del poder por parte de los ciudadanos de a pie es cosa de unos pocos puñados de años... y aun así habría que colocar esta frase ciertamente entrecomillada, puesto que en nuestra democracia seguimos diferenciando entre los de arriba y los de abajo, los buenos y los malos... Pero, pese al paso de los siglos, son muchas las sentencias que aún siguen tan vigentes o más que cuando fueron escritas.

Con esto podemos aludir a las cercanas figuras que manejan nuestro destino político más inmediato en nuestra ciudad. En Pamplona ha llovido mucho desde que el griego Plutarco, hablando de la Roma de hace dos mil años, advirtiera en aquella célebre frase que "la mujer del César no sólo tiene que ser honesta, sino también que parecerlo". En ella la clave recae sobre la primera parte de la misma, esto es, en el tema de que la persona debe ser honesta para posteriormente poder aparentarlo. Así pues, si una persona es honesta consigo misma, sus actos lo evidenciarán. Por el contrario, lo que hay que destacar en esta sentencia es que mucho peor sería que la persona no fuera para nada honesta y, sin embargo, tratara de aparentarlo.

Al hilo de esto, en mi opinión, podíamos unir el tema de la tala incontrolada de árboles que el Ayuntamiento de Pamplona ha realizado en las últimas semanas en los espacios cercanos al amurallado de la cuesta de Curtidores. Más allá del propio crimen medioambiental cometido, del hecho de haber acabado con decenas de sanos y robustos árboles, con el hábitat natural de decenas de especies que hacen su vida en las orillas del río... lo que no es de rigor es que, emulando a la mujer del César, nuestra alcaldesa se fotografíe pocos días después con unos escolares plantando unos retoños en el Día del Árbol.

Espero que más de uno arriba en el Consistorio no tenga la conciencia tranquila al acostarse y saberse poseedor del título de "Atila contra el arbolado de Pamplona", ya que en estos diez últimos años nuestro Ayuntamiento ha arrasado con este preciado bien patrimonial que eran nuestros árboles.

Texto: Mikel Razkin. 2010.