El viaje en el ferry se hace en menos de quince minutos. Si tienes la misma suerte que nosotros, podrás ver alguna foca o león marino durante el trayecto. Es recomendable hacer el viaje fuera del camarote principal, ya que la imagen de la isla, convertida en parque natural, es digna de contemplar. El problema es el viento que hay, que cada vez es mayor.

Nada más descender del barco los guías comienzan a comentar cómo será la visita. Estamos junto a las dependencias de los policías de prisiones y las vistas panorámicas de la ciudad son dignas de ser fotografiadas. Poco después tenemos que ascender por la isla hasta la zona habilitada para los prisioneros. Allí, donde están ubicadas las duchas, comienza una audio-guía de cerca de hora y media por la prisión. Vamos recorriendo todas las estancias especiales, los pasillos, podemos entrar en algunas celdas, conocer los planes de fuga, la vida de los prisioneros más peligrosos, saber sobre cómo "disfrutó" de su estancia Al Capone...

Como toda prisión, éste espacio no deja de ser un lugar degradado cuya función es precisamente degradar al hombre. Las celdas no dejan de ser habitáculos en donde saldar unas deudas que precisamente el sistema debería compartir contigo. Y todo esto en unas dimensiones de 2.5 de largo, 1,2 de ancho y 3,5 de alto.

Finalmente el viaje de vuelta lo tuvimos que hacer en el interior del barco, ya que la niebla había empezado a caer sobre la bahía y hacía bastante frío. Por lo demás, una visita muy recomendable... Bienvenidos a "La Roca", como diría Sean Connery.

Texto: Mikel Razkin. 2009.