Hay ocasiones en las que al fijar tus ojos sobre algo que consideras hermoso, no sólo por su fisonomía sino también por su significado, no puedes evitar que un sentimiento aflore en tu rostro en forma de sonrisa. Así creo que deberíamos contemplar lo que nos rodea; nuestro patrimonio. Pero sólo si es posible.

Con esto quiere decir que si te das una vuelta por los alrededores de las murallas de Pamplona, tanto desde arriba como desde abajo, para contemplar tu barrio y lo que le rodea no siempre vuelves a casa con esta sensación. No es cuestión de querer volver a los tiempos de los candiles, las azadas, las lavanderas, los pescadores y las argollas para atar los caballos, pero pasar a la historia como los responsables de haber enterrado bajo asfalto y cemento gran parte de nuestro patrimonio es otra cosa.

Espero no ser el único al que se le escape de vez en cuando alguna lágrima; sería más duro aún.

Texto: Mikel Razkin. 2009. Revista Ezkaba.