Porto Novo, Cotonú y Ouidah, 7 a 9 de agosto.
Durante los tres últimos días que hemos pasado en Porto Novo hemos estado ultimando lo que nos quedaba por hacer. Por ejemplo, hemos entrevistado a dos niñas que acuden a los cursos formativos de la escuela mixta; esto es, por la mañana acuden a clase y por la tarde trabajan en los talleres. Hasta el momento habíamos trabajado el tema de los carpinteros, las peluqueras y los mecánicos principalmente, por lo que en esta ocasión nos hemos centrado en las costureras.
Las dos vidas que hemos conocido han sido bien distintas. La mayor de ellas tiene 15 años y lleva trabajando desde hace uno en un taller junto con otras nueve niñas porque su madre no puede hacerse cargo ella sola de los gastos familiares. Lleva acudiendo al colegio sólo tres meses y lo que más les gusta de la escuela es poder aprender francés. La más pequeña de la clase lleva tres años trabajando pese a etener sólo 12. Le gusta leer cuando no está trabajando en el pequeño taller que tiene su madre en casa... Ambas vidas no serán sencillas.

Ya casi sólo nos queda compartir unas horas con los mayores, con los aprendices, por lo que el 8 lo pasamos con ellos en el campamento de Ouidah. Compartimos su alegría y sus bailes - están de vacaciones - y nos sirven de guías por las playas de la zona, entre los inmensos palmerales. Decenas de barcas varadas sobre la arena nos narran lo que a pocos kilómetros de aquí es una sangrante realidad a la que se aventuran miles de jóvenes cada año jugándose la vida en estas turbias aguas; ellos no son mucho mayores que los chavales con quienes compartimos mesa esta última noche.
El día 9 es el de las despedidas. Bajo un intenso sol - y precedido por una larga ceremonia sacerdotal que vivimos - vamos y volvemos de Cotonú a Porto Novo y de Porto Novo a Cotonú. Los últimos abrazos con los chavales y con los cooperantes que dejamos allí nos dejan un amargo sabor. Volvemos al "puto" primer mundo; los chavales se quedan para tratar de dirigir sus vidas hacia un rumbo distinto al que iniciaron. Sólo nos queda agradecer enormemente tanto a Juanjo como a José Luis y al resto de personas con que nos hemos encontrado todo lo que han hecho por nosotros. Mila esker bihotzetik.
Después, tras cerca de 36 horas de viaje, llegamos a Pamplona. Pero no hemos terminado, quizá no hemos hecho más que empezar. Hay que calibrar todos los textos, revisar todas las grabaciones, ordenar todas las fotografías, ahondar en nuestras experiencias... volver a sentir y recordar aquellas vivencias.
Texto: Mikel Razkin. 2008.
Fotografías: Iñaki Vergara. 2008.
PD: El año próximo esperamos estar ahí de nuevo.
29 sep 2008 | 12:16 AM
Itziar
pero que guapisimos estais con esos trajes!
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