Kara, 3 de agosto de 2008.
Hay que decir que durante estos días en Kara hemos estado conociendo la vida y las historias de muchos niños y niñas que han tenido la suerte de llegar a los Foyer de acogida. Otros muchos aún no lo han hecho y muchos otros más nunca tendrán ya la oportunidad.
La situación de estos chavales en Togo es si cabe más dramática que la de sus vecinos de Benin porque hay añadirle a todo lo que se ha comentado ya en otros artículos el tema de la hambruna. Y es que es el hambre también uno de los causantes de que el más débil de la familia, el niño, acabe, si tiene suerte, en la calle. Y digo suerte porque es éste el lugar en el que se les encuentra después de ser vendidos por sus padres, por ejemplo.
En esta zona del país el tráfico de niños es un buen negocio, y cuanto peor está la situación económica en mejor posición se encuentra el mercado. Los niños cuando tienes entre 7 y 10 años suelen ser adquiridos por estos traficantes de personas directamente a las familias por una cantidad económica que en occidente resulta doblemente frustrante e insultante (por el hecho y la cantidad en sí) o trasladados por un familiar que se va a hacer cargo de él. Estos niños normalmente cruzan cualquier frontera con sus nuevos dueños y acaban en países como Mali, Níger o Burkina Faso -más pobres aún que Benin o Togo- trabajando para una tercera persona en cualquier tipo de negocio o directamente en algún gran taller. Están indefensos no sólo por ser niños, sino por estar alejados de su entorno sin saber ni tan siquiera dónde están. Cuando cumplen los 12-14 años suelen escapar... pero adónde.
Hemos encontrado casos de niños del Benin que ahora están en el Foyer que han sido encontrados al norte de Nigeria, por ejemplo, y el espeluznante caso de la venta de dos hermanas por parte de su padre por 9.000 (menos de 15 euros por las dos). Como decimos, a los casos de abusos físicos o sexuales, familias desestructuradas, empobrecidas y azoatadas por el rigor de la tradición hay que sumar el tema de la cada vez más acuciantes hambruna.
Países como Togo se nutren principalmente de los excendentes que sobran en occidente. En los últimos años estamos siendo testigos en los países del norte del encarecimiento de los productos de primera necesidad porque dicen que parte de las cosechas se están utilizando para los biodisels. En parte sí, pero lo que se está llevando para esta producción es precisamente lo que no consumimos, lo que normalmente acaba en África. Estos stocks que antes llegaban a estas costas ya no lo están haciendo y son los que menos tienen quienes más están sufriendo con ello.A nosotros nos engañan con el tema de la injustificada subida de precios, los pobres son cada vez más pobres, se enmascara con la imagen del llamamiento al ecologismo lo que claramente es un intento por no pagar a los países árabes por su petróleo y el sistema acaba enriqueciéndose doblemente. Es inimaginable la acumulación de riqueza que estamos viviendo en estos momentos.
Las lluvias se adelantan, el maíz desaparece y hay familias que tienen que vender a sus propios hijos. El hambre que se vive hoy aquí es la hambruna del futuro. Lo que empieza a ser escasez en breve será desesperación y muerte.
Hablando ya en otro tono, hay que comentar que hemos acudido a los mercado de Awangelo y Kara a hacer algunas compras. Son mercados muy pequeños comparado con el de Dantokpá (sobre todo el primero). Como en todo tipo de mercados, es posible encontrar de casi todo. En mi caso he podido conseguir unas cuantas monedas de Benin, Ghana y Togo de la época colonial.
En esta zona de Togo hay una bebida tradicional que se llama choukoutou. Es una especie de cerveza de mijo fermentada que se sirve caliente. Entra bastante bien, pero si está bastante fermentada no es que salga muy bien. De todas formas, si te la ofrecen tienes que probarl por educación y deferencia a tu anfitrión.Lo que sí hemos probado más son las cervezas al uso de la zona. En Benin la más suave es la Beninoise, que es muy gasificada (parecida a la Coronita) y con una graduación de poco más de 4,5º. Mi preferida es la Flag, que tiene algo más de cuerpo (5,1º) menos gas y es muy parecida a la Amstel.
En Togo la variedad es mucho mayor debido a que fue colonia alemana durante muchos años. De ellos mantienen la tradición cervecera a través de la empresa B.B., principalmente. Están la Lager y la Pilsen de esta empresa y la Eku a parte, pero la mejor es la que se creó en exclusiva para que fuera presidente de Togo durante cuarenta años (1967-2005), Eyadema Gnassingbe, denominada Awooyo (tostada de 6,2º). Tardaron años en confeccionarla, hasta que el dictador dio su aprobación. Nadie podía beberla al mismo tiempo que él, por ejemplo. Por supuesto, su precio no es accesible a todos los bolsillos.
Texto: Mikel Razkin. 2008.
Imágentes: Iñaki Vergara. 2008.
PD: Un abrazo a los que dejamos en Togo, unos buenos amigos y compañeros, como Paco, Pepe, Charlotte... Y otro igualmente grade para José Luis, gracias por todo lo que nos han enseñado.

18 ago 2008 | 02:35 PM
Cristina
Gracias por este blog tan interesante a través del cual hemos podido conocer vuestro viaje.
Nos habéis acercado a una realidad tan dura y que siempre se percibe tan lejana.
Imagino que una experiencia inolvidable.
Las fotos de Iñaki que acompañan son muy chulas.
Disfrutad del reencuentro con Iruña, supongo que con una cerveza.
Un saludo.
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