Parakou, 30 de julio de 2008.
Hoy ha sido uno de los días màs especiales desde que estamos en Benín. Hemos salido de la parroquia de María Auxiliadora de Parakou con rumbo noroeste.
En plena sabana, tras cerca de 25 km., nos hemos detenido junto al monasterio cisterciense de Kokoubou -nombre de la zona- para recoger al que serà nuestro guía en este viaje. Se trata de Jean Forestier, miembro de la Orden del Císter. Tiene 67 años, de las cuales 36 los ha vivido en esta zona de Benín. Descalzo y ataviado con un gorro tipico de la zona, este belga nos dirige por la sabana, atravesando serpenteantes sendas, hasta un poblado del lugar.
Tras unos kilómetros de camino, y cobijados del sol bajo los frondosos àrboles, vislumbramos las primeras casas del poblado. Son cinco chozas de adobe con techos hechos de palma. Jean nos presenta a la mujer de mayor edad del poblado hablando fufuldè (en Parakou se habla el baribà, en Cotonù el fon y en Porto Novo el gun). La gente suele desconfiar de quienes les hacen fotografías tanto por el beneficio que èstos puedan obtener como por el miedo a que alguien las utilice para hacer sobre sus personas algun tipo de maleficio.
Tras el consentimiento visitamos el poblado. Las cinco casas se corresponden con el dormitorio comùn, la cocina, el almacèn, el granero y el refugio para las cabras y las gallinas. Junto a la cabeza de familia hay un grupo de niños, niñas y chicas jóvenes de hasta 18 años que se presentan ataviados con coloridas telas que sólo cubren sus cuerpos de cintura para abajo. Aunque en un principio se muestran un poco recelosas, poco despuèes podemos continuqr viendo cómo desarrollan con normalidad sus tareas diarias. Eso sí, los y las màs pequeñas aueriendo salir en todas las fotografías.
A lo largo de varios kilíómetros se suceden varios asentamientos màs; uno por familia. Todos ellos pertenecen a la etnia foulbè (peul en francès). Son nómadas que ahora se encuentran en la zona centro del país -màs al norte no suelen acudir- aprovechando la època de lluvias. En noviembre descenderàn con el ganado hacia el sur, hasta Abomey.
Casi de vuelta nos juntamos con los hombres, que vuelven de pastorear su ganado. Nos lo muestran orgullosos. Su tarea diaria es conducir de claro en claro las casi 50 vacas que poseen. Antes de partir nos volvemos a encontrar con un grupo de jóvenes que recoge agua del río. Entre sonrisas y miradas de curiosidad se despiden de nosotros portando sobre sus cabezas unos pesados bidones. Su vida continùa ajena a la nuestra de la misma forma que lo hicieran sus padres, abuelos, bisabuelos...
A la tarde nos dirigimos a otro lugar bien distinto; Kpasa (hacia el este, junto a la frontera con Nigeria). Cuando està a punto de atardecer llegamos a esta esta pequeña población. Hemos pasado buena parte de la tarde paseando por sus callejuelas hasta que ha empezado a llover y no podíamos avanzar entre tanto barrizal. Como siempre, niños y niñas por doquier.
Con el sol en el horizonte hemos sido testigos, desde una pequeña altiplanicie, de lo que podría haber sentido la danesa Isak Dinesen cuando escribió "Memorias de Africa". Por supuesto, ni Iñaki ni yo hemos vivido nada parecido a lo que vivieron los personajes que encarnaban Robert Redford y Klaus Maria Brandauer en la película, pero al menos hemos compartido eso mismo, un mismo horizonte.
La pena, sinceramente, es que no podais disfrutar de las fotografiías hasta dentro de unos días. Y perdonadme por las faltas de ortografía, pero lidiar con un teclado francès es realmente difícil.
Texto: Mikel Razkin. 2008.
Fotografías: Iñaki Vergara. 2008.
PD: Esto es Africa y tener una agenda pocas veces sirve para algo. Ibamos a quedarnos por aquí unos días màs con la intención de seguir rumbo al norte, a Kandi, pero no va a ser así. Mañana mismo nos vamos a Kara, en el centro de Togo. Un responsable salesiano nos esperarà en la frontera. Esperamos no tener problemas.
31 jul 2008 | 12:36 AM
Marcela Ivonne
Hola Miguel, desde la comodidad de mi cama tibia en esta penultima tarde de julio, lluviosa como pocas recuerdo, he dado contigo por pura casualidad. Leerte, cerrar mis ojos y transportarme a acompañarte en tu andar esperando la sonrisa amplia , amistosa e invitadora de los habitantes de esa s cuatro chozas de adobe y paja han sido mi instruso deleite y la gratificaciòn del dìa.
Desde Chile, mi abrazo fraterno y los mejores deseos para ti.
Que tus áridos caminos sean pletoricos en amistad y afectos.
Gracias por tu pluma
gracias por llevarme a ese simple pero riquisimo mundo que hoy tu recorres.
31 jul 2008 | 11:52 PM
mariaje
Me encanta todo lo que cuentas y me das envidia por poder visitar lugares que yo nunca veré.
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