Cotonú, 27 de julio de 2008.
Después de la noche de ayer cuesta un poco más de la cuenta levantarse. Como todos los domingos asistimos a la misa dominical. En esta ocasión la de Cotonú es algo más larga - supera las dos horas - y hay menos cánticos.
A lo largo de esta jornada nos vamos a centrar en el campamento de los chavales. Vamos a tratar de hacer un seguimiento de las actividades que se organizan durante todo el día. Por ejemplo, a las 11 de la mañana tienen una conferencia sobre la reinserción social y la familia, tras la cual vendrá la comida en grupo. A las 4 de la tarde hay prevista una excursión al estadio nacional.
Nos desplazamos hasta allí andando, puesto que no dista más de media hora. La visita al interior del Stade de l'Amitié (Estadio de la Amistad) no dura más de veinte minutos, ya que en estos momentos se está disputando un partido oficial. Las gradas -con capacidad para 35.000 espectadores- están casi desiertas, amenaza lluvia y sólo un millar de personas siguen atentas el partido. Poco después nos desplazamos hasta las piscinas de Cotonú. De las tres con que cuenta el recinto sólo una está abierta al uso público pese a que el color del agua entre éstas no diste mucho que se diga.
De vuelta, lo que había sido un ruidoso trayecto por una de las principales vías de Cotonú se convierte en un paseo entre las infinitas callejuelas de arena y barro. Como vamos bien tranquilos -doucement- nos da tiempo a ver la otra cara de la capital económica del país. Aquí se ve mucha más pobreza que en Porto Novo, más suciedad, más sensación de inseguridad. Cada diez pasos tienes un puesto de venta, de cualquier cosa, lo que te imagines lo encuentras. Todo está en venta, la ciudad está completamente en venta.
Lo que queda de tarde lo aprovechamos jugando un poco al baloncesto, la petanca y el parchís. Es curioso cómo cambian las normas de este último juego; sólo hay 60 casillas (no 68), sólo una casilla de seguro por color (la salida), después de sacar 6 puedes volver a tirar sin necesidad de contar previamente (se abren muchas más posibilidades), se puede contar hacia atrás para comer al contrario (lo que facilita que si la captura la haces cerca de la salida puedes llegar rápidamente a tu destino si dar la vuelta entera), no se cuenta tras una captura ni una llegada, se sale con el 6 y no con el 5, con cuatro 6 (no tres) te quedas sin ficha, la ficha capturada se la queda tu rival y necesitas un 6 para recuperarla (luego otro 6 para sacarla) e incluso se puede comer dentro del camino hacia la llegada (y es necesario un 6 para sacarla de allí).
El día tocó a su fin viendo la película de miedo "Rec". Y como curiosidad he de decir que he encontrado en la prensa local, concretamente en La Nation, un curioso artículo titulado "¿Para qué sirve un sociólogo?". En un par de días lo traduzco y lo publico.
Texto: Mikel Razkin. 2008.
Fotografías: Iñaki Vergara. 2008.
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