Porto Novo, 24 de julio de 2008.

El ajedrez es un deporte que no conoce fronteras de países o idiomas. Así lo han demostrado ocho niños del centro Magone de Porto Novo (Benin). La vida que han dejado atrás no ha sido fácil, pero ahora tienen la oportunidad de construirse un futuro muy diferente.

La mayoría de ellos provienen de familias empobrecidas o desestructuradas, son huérfanos o escaparon de sus casas, fueron vendidos u obligados a trabajar a cambio de nada. Las vueltas de la vida les empujaron a vivir en la calle de lo que encontraban; de la mendicidad, del pillaje, de pequeños trabajos. Pero ahora, tras pasar por el hogar de acogida salesiano del Foyer, han vuelto a conocer lo que debe ser la vida de un niño. Ahora están en el centro Magone, una de las últimas etapas, tienen otra familia - la amplia familia que componen ellos, los monitores y los profesores -, adquieren una formación, acuden a la escuela y se forman laboralmente. Pero no es tan fácil. Como en el ajedrez, siempre tienes en frente un oponente; en este caso una realidad económica y social que muchas veces te corta las alas antes de que puedas empezar a volar.

En una tarde lluviosa, que ha impedido que se disputen los ya tradicionales partidos de fútbol (aquí en Benin esta circunstancia es la misma), ocho niños se han animado a aprender las reglas de lo que ellos conocían como el juego de la guerra. Aquí se juega mucho a las damas (con un tablero de 10x10), por lo que lo primero que han hecho es colocarlas de tal forma. Las capturas también las hacían en principio una casilla más allá del destino de la pieza, por ejemplo.


Rey, Dama, Torre, Alfil, Caballo y Peón se han convertido en Roi, Dame, Tour, Fou, Cavalier y Pion por arte de magia. En todo momento he contado con la ayuda de Marc Afangnon, un psicopedagogo que se encuentra trabajando como voluntario con estos niños que han encontrado una salida a la vida en las calles. Mi escaso conocimiento del francés hacía que del castellano se tradujera al francés y de éste, si era necesario, al "gun", idioma propio de esta zona de Porto Novo.


La experiencia ha sido enriquecedora. He podido jugar una breve simultánea contras cinco rivales para ver cómo habían cuajado las directrices que lanzábamos desde la pizarra tiza en mano. Perfecto. Después han seguido todos ellos un buen rato más, hasta la hora de cenar, jugando por su cuenta. Ahora, los cinco tableros que ha cedido el Club Mikel Gurea de Burlada partirán junto con los chavales al campamento de verano de Cotonú. Allí, estos ocho chavales se unirán a otros tantos para continuar aumentando la familia del ajedrez.

Siempre me he sentido orgulloso de mis alumnos, pero en esta ocasión las circunstancias son distintas, por lo que lo sucedido con la Federación Navarra de Ajedrez no tiene explicación. Un mes antes de partir hacia Benin pedí por escrito a la dirección de la FNA que nos cediera diez juegos completos para traerlos aquí. No hubo respuesta. Vergonzoso. Lo que hoy son cinco juegos podían haber sido quince. Lo que ahora son diez chavales jugando podían haber sido treinta.

Sólo espero que los chavales tengan suerte en la vida y que el ajedrez les ayude a centrarse, que sepan reflexionar antes de actuar, que calibren bien sus movimientos, ya que el tablero en el que ellos juegan es más abrupto que el marcan nuestras 64 casillas.

Texto: Mikel Razkin. 2008.

Fotografías: Iñaki Vergara. 2008.