Porto Novo, 24 de julio de 2008
La mañana de este nuevo día la pasamos trabajando en la carpintería. Normalmente en ella se utiliza la teka, una madera noble muy común por aquí y que es muy cotizada en Europa. Es muy dura y pesada, por lo que la laboriosidad a la hora de cortala es mucha. Por ello, hace unos días se colocaron dos nuevas máquinas obtenidas a través de la cooperación internacional.
Hemos aprovechado el ajetreo del taller, lleno de aprendices, para terminar de conseguir impresiones personales a través de las entrevistas. Nos dicen abiertamente que es muy difícil empezar, porque no lo hacen desde cero, sino con algo detrás que es la ayuda económica que ha desembolsado el centro depositando en ellos toda su confianza. Saben que no pueden defraudarlo.
Al comienzo de la tarde hay mucho revuelo en el patio del centro. Los chavales tienen que desplazarse hasta Cotonú para disputar un nuevo partido del torneo que organiza la embajada venezolana y ya ocupan sus sitios, apelotonados, en la camioneta. En esta ocasión les han dicho que tienen que jugar con botas con tacos, que por supuesto no tienen, ya que la pista en la que se va a disputar el partido es muy dura. Ellos, acostumbrados a jugar descalzos, esperan con los brazos abiertos el regalo (le cadeau).
Pero se oscurece el cielo y vuelve a caer una nueva tromba de agua. Este tipo de tormentas paralizan el país; la vida se detiene. Los chavales aguantan unos minutos en la camioneta, pero desisten al ver que va para largo. Lógicamente sus rostros son de decepción. Otro día tendrá que disputarse el partido, otro día obtendrán sus zapatillas.La tarde la aprovechan los más pequeños para jugar en los charcos. Fuera del centro, la carretera parece desaparecer. Con cada tormenta que vivimos somos testigos de cómo la capa de arena roja que compone el firme de la vía va desapareciendo. Mientras tanto, toda la comunidad permanece en los porches a la espera de que la tormenta amaine aprovechando la tarde como buenamente se puede. Conversaciones, juegos e incluso peleas se dan cita en unos pocos metros cuadrados. Y antes de que den comienzo las clases de ajedrez, de las que hablaré particularmente en otro artículo, despedimos a las cinco cooperantes de Barcelona.
Después de esta despedida llegó otra más emotiva, la que dispensaron los alumnos del centro a José Ángel, José Antonio y Yolanda. Mañana vuelven a Pamplona después de haber vivido un mes con ellos entre el Magone y el Foyer trabajando en la sala de informática, en la carpintería, en la cocina, en el Foyer con los más pequeños, dando clases, recogiendo maiz... vamos, que lo dieron todo. Tras la cena, en un acto no falto de vivas muestras de afecto, los alumnos del Magone se despidieron de ellos y escucharon sus palabras de ánimo para que siguieran estudiando, trabajando y esforzándose. Igualmente los aprendices agradecieron el apoyo que habían recibido y les invitaron a volver el año próximo. Tras la velada, en la que no faltaron unos exquistios espárragos de Lodosa, recibieron unos obsequios por parte de los salesianos Juanjo, Celestin y Dieudonné.
Para finalizar hay que señalar que de aquí a unos días va a resultar un tanto complicado poder colgar en el blog cómo se va desarrollando el viaje, puesto que vamos a empezar a desplazarnos al norte, en donde las comunicaciones son más difíciles. El 26 nos vamos a Cotonú, el 29 a Parakou, el 2 a Kandi y el 5 a Kara (Togo). El 11 estaremos de vuelta.
Texto: Mikel Razkin. 2008.
Fotografías: Iñaki Vergara. 2008.
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