Porto Novo, 23 de julio de 2008.
El de hoy ha sido un día de trabajo en el que se han sucedido las visitas a los lugares de trabajo y hogares de los aprendices que están saliendo del centro Magone. Está siendo un día de continuas entrevistas en las que estamos conociendo más en profundidad qué rodea a estas personas, cómo desarrollan sus labores, qué inquietudes tienen...
Existe en el centro una amplia carpintería de la que cada año salen varios aprendices que son "liberados". Este término puede parecer un tanto hosco, pero es realmente acertado. El caso es que en todo Benin, y en la mayoría de países de Africa occidental, cuando un niño llega a un taller para aprender un oficio, éste se queda en él no sólo hasta que obtiene todos los conocimientos que le puedan servir para valerse por sí mismo en el mundo laboral, sino hasta cuando también es capaz de desligarse de un vínculo contractual y económico que le une con el patrón. Así, para que los jóvenes cuando finalicen su aprendizaje puedan ser liberados por su patrón tienen que hacerse cargo del pago de una buena suma de dinero. Puede sonar y suena a algo propio del medievo, pero las cosas son así por estos lares, e incluso es un hecho que está aceptado institucionalmente.
La "liberación" es un día digno de celebración para que el que la festeja. Como normalmente los jóvenes que salen del Magone no tienen lazos familiares fuertes por motivos como los señalados en otros artículos, es el centro el que suele abonar el precio de la liberación. Hay aprendices de 10 años trabajando en talleres o vendiendo productos, y éstos normalmente no perciben más salario del que corresponería a la comida diaria; posteriormente en algunos sitios - una minoría - sí que reciben una cierta remuneración. Por tanto, lo que éstos pueden ahorrar hasta los 18-20 años, cuando suelen ser liberados, no es que sea mucho, es que es completamente nada.
Así, una vez liberados las cosas no son fáciles, ya que deben abandonar el centro, ponerse a vivir por su cuenta y montar su propio negocio. En el campo de la carpintería - comentan los jóvenes que están a punto de liberarse - hay mucha competencia y resulta muy complicado empezar por cuenta propia. Otros oficios muy destacados son los talleres mecánicos, las peluquerías, las sastrerías y los estudios de fotografía, estos últimos debido a lo mucho que se celebran, por todo lo alto, acontecimientos como los funerales, por ejemplo, que suelen incluso arruinar a las familias por completo.
Igualmente hemos entrevistado a dos jóvenes que han decidio seguir estudiando más allá de enseñanza obligatoria. El más joven de los dos tiene 18 años y acaba de terminar el curso correspondiente a 4º de la ESO. Está esperando las notas para saber si puede continuar haciendo el Bachillerato. No tiene claro qué estudiar en el futuro, pero lo que sí desea es poder compaginarlo con un oficio que le dé algo deje algo de tiempo. Dice tener los pies en la tierra, que sabe de dónde viene (su padre falleció y su madre, que trabajaba fuera, no fue a recogerle del centro en el que lo dejaron, por lo que llegó poco después al Magone) y que es difícil.
El otro caso es el un joven de 22 años que estuvo dos años viviendo en la calle después de que su madre le dejara a él y a su hermano mayor con su padre, que era polígamo. Al ser rechazados por el resto de esposas no estaban bien alimentados. La cosa se tornó aún peor cuando su padre perdió una mano trabajando, con lo que las dificultades aumentaban. Un día, ante el miedo por la paliza que podía recibir por suspender un examen (no podía estudiar porque se encontraba muy deblitado), decidió seguir el camino que unos años antes había tomado su hermano mayor y dirigirse a Cotonú. Pero no lo encontró. Tenía 13 años. Al tiempo de trabajar en lo que encontraba se enteró de la existencia del Foyer y acudió aconsejado por compañeros de la calle que habían estado allí, pero que lo habían abandonado. No todos los que empiezan terminan. Ahora, tras pasar varios años en el Foyer y el Magone, vive con una familia de acogida y espera las notas de la selectividad. Sabe que es la tercera vez que se presenta, pero no puede hacer más compaginando estudios con pequeños trabajos para ayudar económicamente a la familia con la que está. Su objetivo: estudiar Medicina.
Texto: Mikel Razkin. 2008.
Fotografías: Iñaki Vergara. 2008.
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