Ouidah, 16 de julio de 2008.
Vamos a dirigirnos a la ciudad de Ouidah, a 65 kilómetros al oeste de Porto Novo. Tomamos la carretera que cruza el país de lado a lado y nos ponemos en marcha dirección a Togo con diez chavales del centro Magone. Nuestro vehículo es un Toyota en el que viajan dos personas delante y en la parte trasera, cubierta con una capota, vamos catorce. Aunque pueda parecer una distancia corta, el recorrido dura cerca de una hora por la circulación que nos encontramos.
Ouidah es la ciudad santa del aninimismo. Es el centro mundial del voodoo. Aquí se reúnen cada cierto tiempo las personas que más conocimiento tienen sobre este asunto, que es siempre muy oscuro, pues se vive con mucho secretismo. En realidad, como cuentan por aquí los curas y monjas, que le tienen mucho respeto -en todos los sentidos- al voodoo, lo que en realidad es el voodoo es la expresión última del conocimiento y utilización de los recursos que ofrece la naturaleza.
A lo largo del recorrido que hacemos nos encontramos con pequeños hitos por el camino, que simbolizan aspectos propios de este credo. Igualmente hay expuestas varias esculturas que representan a antiguos reyes de los territorios de Dahomey (antiguo nombre de Benin), a animales sagrados (como las pitones, por ejemplo, a quienes se reza en un pequeño templo) o a secuencias de la la vida tradicional.
Igualmente Ouidah es famosa por ser el espacio en el que se homenajea a los millones de personas que en toda Africa fueron llevadas como esclavos a América. Es la denominada "Ruta de los esclavos". El camino hasta la playa en la que embarcaban los esclavos lo hacemos a media mañana, cayendo el sol a plomo. El día es perfecto, pero eso, con la tempertatura que soportamos, no se agradece especialmente. En sí, el trayecto se divide en seis etapas, que convenientemente un guía nos va explicando paso a paso:
1. La plaza de las subastas: En la ciudad de Ouidah, a unos pocos kilómetros de la costa, era donde se negociaba el precio de los esclavos. Eran los reyes de los territorios de la zona, desde el siglo XVII, los que negociaban con los europeos. bajo un centenario árbol que aún pervive, se hacían las transacciones. Los europeos no aparecían hasta la última de las etapas.
2. El árbol del olvido: Allí las columnas de esclavos daban tantas vueltas a un árbol ya desaparecido en función del número de costillas que tuvieran. Estas vueltas representaban que iban a olvidar su pasado, su forma de ser, su cultura, así como su propio futuro.
3. Las casetas esclavistas: Posteriormente los esclavos, desposeidos simbólicamente de todo su ser, eran ubicados en unos pequeños recintos húmedos y oscuros en donde no podía pasar la luz, no se podía hacer fuego y sólo recibían una comida diaria. Allí permanecían uno o dos meses encadenados a la espera de que llegara el barco de los europeos para llevarles a América. Se pretendía con ello que fueran habituándose al duro trayecto que iban a soportar.
4. El lugar donde descansan las almas: Es una escultura que simboliza, a través de tres colores muy determinados y bien escogidos (blanco, negro y rojo), las cuatro etapas del viaje que hacían estas personas: cuando eran apresadas, cuando se les encadenaba, cuando olvidaban sus orígenes, y cuando embarcaban).
5. El árbol de la memoria: Se trata de un árbol platando por un rey de la zona en 1707 en el que, según el credo animista, las almas de los hombres y mujeres fallecidas al otro lado del Atlántico, vuelven a sus orígenes para descansar en paz. Estas dan un total de diez vueltas para recuperar todo lo que han olvidado.
6. La puerta del no retorno: Es una gran puerta a las orillas del mar, en plena playa junto a lo que queda del fuerte portugués. Es el espacio más conocido de esta ruta y probablemente la imagen más conocida de Benin. Todo el que pasaba esta puerta no regresaba.
Fuera del recorrido, y en la zona preparada para los turistas, se encuentra la denominada puerta del retorno. Se trata de una pared en la que se abre el mapa de Benin. Allí aparecen grabadas las historias de las primera personas que pudieron volver a casa; fueron los años 1861 y 1877.
Más allá de este espacio simbólico, la amplia playa que se aleja a uno y otro lado del horizonte nos presenta un mar bravío y siempre revuelto. Al otro lado, la vida siguió su curso de otra forma.
Texto: Mikel Razkin. 2008.
Fotografías: Iñaki Vergara. 2008.

18 jul 2008 | 12:58 PM
daniel
Hola gentes menudas!
Me ha comentado un pajarito que os gustaria un comentario en el blog. Os voy a dar ese pequeño placer, pero muy pequeño que no tengo tiempo. Me dais mucha envidia. Recuerdo cuando estube en africa hace dos años, y la intensidad de los momentos vividos. Este lunes casualmente voy a quedar con Lazaro, el padre blanco que nos acompañó a lo largo y ancho de Uganda, la perla de Africa. Espero que disfruteis del viaje sin demasiados percances, a nosotros nos robaron 1500 euros en un parking "vigilado", jaja. bueno, cuidaros mucho y seguir contandonos vuestro dia a dia. Un abrazo desde la orilla del arga.
18 jul 2008 | 10:06 PM
Fertxo
Que pasa pareja, nada que se os echa de menos aki, que lo paseis lo mejor posible y que aprobecheis el tiempo al maximo, y jue iñaki no dejes a Mikel acercarse a la cocina porfaaaaaaa!!!!!.
Nada Mikel mañana descuida que dare a los novios un beso de tu parte, tio te vamos a echar de menos pero bueno pronto vendreis y lo celebraremos,
Enga pareja prometo escribiros mas a menudo.
Muxus
22 jul 2008 | 07:48 AM
JJ
Animo con vuestro trabajo y gracias por acercarnos mas directamente a todo lo que pasa en ese trozo del mundo
Escribe un comentario