Pamplona. 9 de julio, 21.30 horas.

Ya no queda nada para coger el bus, dejar la sanferminera Pamplona y partir hacia Madrid. A la 1.30 nos lanzamos camino a Benin para llegar a las 2.55 de la madrugada (si todo sale bien) del día 11 a Cotonú. Habrá que esperar unas horas en la T4 de Barajas - salimos a las 12.55 - para coger el vuelo de Royal Air Maroc dirección a Casablanca (Marruecos). Allí tendremos que esperar nueve horas para coger el que nos lleve a nuestro destino. Según me han contado, los vuelos se hacen de madrugada para evitar los accidentes aéreos que podrían provocar los pájaros.


Sobre Benin hay que decir que se trata de una republica africana situada en el Golfo de Guinea, que limita al norte con Burkina Faso y Níger, al este con Nigeria, al oeste con Togo y al sur con el Atlántico. Aunque la capital es Porto Novo (250.000 hab.), la ciudad más poblada es Cotonú (más de un millón de habitantes). Es un pais muy diverso en cuanto a su orografía; la zona costera, baja y arenosa, cuenta con numerosas lagunas y pantanos; la región central la forman varias mesetas; la noroeste es montañosa; y la región del noreste tiene amplias llanuras que se extienden hasta el valle del río Níger. Es precisamente en el norte en donde están presentes las mayores reservas naturales del país.

En cuanto a las labores que vamos a tratar de desarrollar, hay que decir que vamos de la mano de la ONG salesiana JTM (Jóvenes Tercer Mundo), que lleva bastantes años trabajando con los niños de la calle en las dos grandes ciudades del país, para hacernos eco de los proyectos de acogida, formación educativa y desarrollo profesional de estos niños de la calle. Cada día son más los que viven en y de la calle. Y es que este problema se da en todo África y los más pequeños son los primeros en verse abocados a convertirse en agentes propios de la marginalización social, de la explotación y de la miseria.

Texto: Mikel Razkin. 2008.