Algunas de las normas más básicas del periodismo deberían extrapolarse al día a día a la hora de trasladar una idea para que ésta sea entendida por los demás. A la regla de las cinco “W” inglesas (en castellano “qué”, “quién”, “por qué”, “cuándo” y “dónde”) hay que sumarle indiscutiblemente la “H” de “how” (“cómo”), puesto que, de no ser así, nos veríamos en situaciones como la que en estos momentos acontece. De esta forma, si hay que tener cuidado en lo que se dice, quién lo dice o a quién se dice, por qué se dice, cuándo se dice y dónde se dice, es preciso también prestar especial atención a cómo se dice.
En cuanto al título de este artículo, “El Gobierno de Navarra, un caso de vergüenza ajena”, la cuestión me recuerda a lo que me pasó hace unos días dando un paseo por la Taconera, en donde una joven pareja disfrutaba de la tarde en compañía de su hijo, de unos cinco años, cuando éste, señalando con su dedo hacia delante, pronunció las siguientes palabras: “Papá y mamá, mirad, dos camellos”. La pareja, y el que suscribe (entre otros), miramos hacia donde apuntaba la mano del niño sin distinguir a los dos camélidos por ningún sitio. El niño, tirando del brazo de uno de sus progenitores, siguió adelante, apuntando con su dedo acusador: “Ahí. ¿No los veis? Son dos camellos”. El padre, incrédulo, respondió que aquello que se movía justo delante de ellos eran unas bolsas de plástico agitadas por el aire. Finalmente, el niño, que seguía avanzando, a escasos metros de su objetivo volvió a señalar diciendo: “¿Estos no son dos camellos?”. Los supuestos “camellos”, una pareja de peregrinos que descansaba junto a sus mochilas, cruzaron sus miradas con la de los, en esos precisos instantes, ridiculizados padres. Estos, en cuestión de décimas de segundo, se dieron media vuelta poniendo tierra de por medio; pasaron verdadera vergüenza ajena.
Esta anécdota me viene ni que pintada para comentar el caso del último giro que ha dado la cuestión de la gobernabilidad en Navarra. Tras más de dos meses a la espera de saber quién se iba a hacer cargo del gobierno foral, por fin, deshojada la margarita, supimos que el PSN iba a pactar con NaBai e IU si la ejecutiva socialista a nivel estatal daba el visto bueno final. Con esto, UPN y CDN abandonarían el gobierno y ocuparían durante los próximos cuatro años los asientos de la oposición. Pero no ha sido así.
El caso es que durante esta resaca electoral, más larga de lo habitual, PSN y UPN han estado jugando a lanzarse mensajes, declarándose el uno al otro, diciéndose ahora sí y ahora no, dejándose querer… como si de una pareja de enamorados se tratara, para, al final, unirse en un envenenado beso de confraternización (ahí están las generales de 2008, no lo olvidemos – a ver qué pasa –). Las palabras de Jaime Ignacio Del Burgo diciendo que retiraría su libro “Navarra, el precio de la traición” si los socialistas navarros favorecían que se renovase el gobierno de UPN, o, de no ser así, éste se convertiría en un best-seller, hablan por sí mismas. Auténticas perlas que, una vez sellado el acuerdo, dan auténtica vergüenza ajena: “Si los socialistas navarros fueran consecuentes con lo que muchos dicen en privado, la solución vendría del entendimiento con UPN y el CDN. Estoy absolutamente convencido de que el partido fuerista estará dispuesto a compartir el Gobierno o a llegar a pactos parlamentarios y presupuestarios. Así se hizo en otras épocas, y el resultado fue excelente para Navarra. A veces pienso qué sería de Navarra sin la pesadilla nacionalista, que tantas energías agosta (…). El presidente Rodríguez Zapatero debiera saber todo esto. Sin embargo, imbuido de un cierto fatalismo (…) ha llegado a la conclusión de que no queda otro remedio que entenderse con los terroristas mediante la concertación política. Es ésta una claudicación sin precedentes (…). Es un verdadero escándalo que la mayoría de las fuerzas políticas parlamentarias que apoyan al presidente hayan aceptado pagar precio político a los terroristas (Capítulo VIII)”.
Pero para perlas, las que los socialistas han ido dejando durante este tiempo; como para hacerse un collar. Así, de perla a perla y tiro porque me toca, los socialistas navarros no han hilado nada fino a la hora de presentar su posición ante los posibles pactos postelectorales. Del eslogan “El cambio que Navarra se merece” a dejar en bandeja la alcaldía de Pamplona a Yolanda Barcina, de ahí a pretender formar gobierno con NaBai e IU pero con la presidencia y ocho consejerías (de once) siendo la tercera fuerza política, después vuelta al entendimiento con UPN para que éste gobierne en minoría, posteriormente se escucha a las bases y obviamente (por algo les habrán votado) se retoman los contactos con NaBai e IU para conseguir un gobierno ecuánime… y ahora llega Ferraz y rompe la baraja.
Está claro que vergüenza, vergüenza… poca tienen determinados sectores de la clase política navarra. Y hablando de clase, ninguna. Nos han hecho pasar una injustificada vergüenza ajena que puede durar nada más y nada menos que cuatro años. Quién (la dirección del PSN), qué (el mensaje; vendo cambio y compro continuidad), a quién (a la ciudadanía navarra, no sólo a sus votantes), por qué (por conseguir el poder, aquí o en Madrid), cuándo (los últimos meses; antes, durante y después de la campaña), dónde (eso ya no lo sé, si mi voto cuenta aquí o en Madrid) y cómo… ése es el quid de la cuestión. ¡Cómo lo han hecho! Al igual que los padres de la criatura que llamaba traficantes a aquella pareja de peregrinos, los socialistas navarros han dado una imagen auténticamente bochornosa. El resultado está ahí, y más allá de posibles dimisiones, disensiones, voces críticas, fracturas internas y demás, en cuatro años (o cuando Miguel Sanz lo decida) los votos socialistas tal vez se cuenten con los dedos de una mano.
Una vergüenza, vamos, pero al menos me queda la ilusión de que Del Burgo sea fiel a su palabra y retire su obra de las librerías.

Texto: Mikel Razkin (2007).