No es cierto que las imágenes aparezcan más claras cuanta más luz incida sobre ellas. Esta luz, como la propia verdad, puede llegar a quemar lo que nuestra mirada contempla.

Por ello, en ocasiones es necesario posar tus ojos en otro lado para contemplar lo que tienes ante ti. Qué bello es poder elegir. Las certezas sólo muestran una cara; las ambigüedades varias entre las que optar.

Y es que uno jamás se ve a si mismo, sino a su sombra.

Texto: Mikel Razkin. 2007.
Fotos: Iñaki Vergara. 2006.