Crónica de la primera semana
Os voy a contar poco a poco algunas de las experiencias que he tenido estos días por aquí. Hoy a las 7.30 he llegado a Xi ' an después de cinco días en Beijing.
La llegada a la capital, sin problemas; solamente que cada dos pasos nos daban información sobre la gripe aviar en los aeropuertos. No creo en ella, es como el coco, dicen que va a venir y nunca llega.
Nada más llegar a Beijing compobré que éste es el país más poblado del mundo. No os podéis hacer a la idea de qué es pasear entre miles y miles de personas sin parar, en coche, carrichoce, bici, a pie... aunque en el fondo creo que son los mismos 10.000 dando vueltas alrededor mía.
El hotel Dong Jiao Ming Xian está bastante bien, de cuatro estrellas, en el último piso y con muy buenas vistas. Es muy céntrico, a sólo 20 minutos andando a la plaza de Tiananmen.
Los primeros días fueron difíciles, porque aquí sólo habla inglés el que te quiere vender algo. Y los gestos de beber y comer seguramente para ellos signifiquen tocar la flauta y vomitar. Es complejo, de veras, pero con paciencia e imaginación he sobrevivido siete días ya.
Ya soy uno con la ciudad; soy el único guiri en el bus, el metro, por la calle, y es que a los turistas no los sueltan nunca. Voy por mi cuenta y a todo el mundo le extraña ver a un occidental, pero eso implica que estoy pagando el precio de los chinos por todo (0.3 euros el metro), (0.6 - 2 euros la comida), (18 euros el hotel)... así que me está saliendo muy barato. Como ejemplo os digo que el viaje con entrada a la Muralla china en Badaling me costó, por todo el viaje y la entrada, 5.5 euros, mientras que los viajes organizados los ponen al menos por 50. Bueno, que me muevo como un chino, pero sin saber chino, sin tener los ojos rasgados... y dando la nota.
En Beijing ya os he dicho que vi la plaza de Tiananmen, la Ciudad Prohibida, el Palacio de Verano, el Templo del cielo... lo más típico. Y luego a moverme por ahí. Aquí todo es grande, es gigantesco. Hay militares y policías por todos lados. Los chinos, los que te vienen a hablar, son amables, pero ya les entro con el ojo de 'a ver qué me quiere vender éste'. En cuanto al idioma, los que hablan inglés mayoritariamente es que quieren hacer negocio contigo. El resto casi cero. Así que es difícil esto. Es toda una aventura desde que te levantas.
Pues sí, como dijo Julio en la peña, la mayoría de las peluquerías son algo así como prostíbulos a pequeña escala, individuales. En el hotel todas las noches me llaman por teléfono preguntando si quiero un masaje. El último día en Beijing, tras decir que no todas las noches, ¡me llamó un maromo! Jajajaja, me moría de la risa. Tenían que probar, ¿no?
Y bueno, que ya estoy en Xi ' an tras 14 horas de tren en una litera junto a tres chinos más (cada uno en su litera). Pasado mañana me voy a ver los guerreros de terracota y dos días después me voy a Kumming, a la frontera con Vietnam, Birmania y Laos, a ver la selva y la garganta del salto del Tigre, o de los tres tigres, en Yunnan.
Bueno, que sepáis todos que estoy bien, que ya he hablado con la familia y eso, y que me encantaría teneros aquí para disfrutar de las cervezas Tsingtao, puesto que son de 64 centilitros. Particularmente, a Fermín que no se beba mi vino (es una colección) y al lehendakari que me pensaré si le traigo algo aunque vuelva para su boda. Y lo de traer algo va en serio porque sólo permiten 20 kilogramos y ya llevo 16 de mochila.
Bueno, escribidme y decidme algo de cómo va todo, qué tal acabó el Maiatza rock en Burlada, cómo va el preparatorio del Mundial, qué tal va Mikel Gurea en el campeonato de ajedrez activo por equipos...


Crónica de la segunda semana
Ya llego casi quince días en China. Faltan menos de dos semanas para la vuelta.
Nada mas llegar pude ver como el calor de Xi ' an iba a ser empalagoso. Todos los días a casi 40 grados y con un 80 % de humedad. Me tenía que hidratar bien, darme crema y descansar entre jornada y jornada. Si algo no soporto en exceso es el calor... pero lo tuve los cuatro días allí.
Después de bajarme del tren me acompañaron hasta el hotel y me alojé sin problemas. Fui a ver al mediodía los templos del Tambor y de la Campana, cercanos al barrio musulmán. Se puede subir a lo alto de ellos, y como es muy céntrico te haces una idea de cómo es la ciudad. La provincia tiene 54 millones de habitantes. Luego estuve paseando por ahí y todo muy bien hasta llegar casi al hotel. Vi de primera mano las "peluquerías" y todos los días me daban la chapa. En realidad casi todo el mundo te quiere vender la moto.
No pase buena noche, pero al día siguiente decidí ir a ver las pagodas del gran y pequeño Ganso. Tomé un autobús para ir a la primera, porque el sol era horrible. Era un lugar precioso. Un templo tibetano muy cuidado en el que puedes subir a lo alto de la pagoda (250 escalones) y ver los exteriores de la ciudad. Se veía la típica neblina de las grandes ciudades. Decidí ir andando hasta la siguiente pagoda, serían 30 minutos, pero paré a beber agua varias veces. En una de ellas un grupo de jóvenes de 13-15 años quisieron hacerse una foto conmigo, una a una. ¿Me pareceré a Beckham? A nosotros todos los chinos nos parecen iguales, ¿no?
Antes de llegar a la segunda pagoda me pare a comer en un restaurante. Había tres hombres comiendo y bebiendo cerveza. Estaban celebrando que uno de ellos había conseguido trabajo. Entre cerveza y cerveza (de las de 64 Cl.) salí de ahí un poco tocado. Vi la segunda pagoda con más pena que gloria, porque era una zona muy abierta donde Lorenzo pegaba como quería. Y a esas horas desde arriba. No subí porque la parte superior la había destruido un terremoto hacía muchos años.
Al tiempo pude coger un taxi y volver al hotel. Prácticamente no dormí entre el calor, la humedad, la excesiva dureza del colchón y los nervios de ir mañana a los guerreros de terracota. A las 9.00 arriba; una excursión que duraba hasta las 19.00 bajo el mismo sol. Conforme pasaban las horas me iba debilitando más e iba disfrutando menos de lo que veíamos. Por supuesto, lo último fueron los guerreros de terracota. Antes vimos la verdadera tumba del emperador Qin, construida en un valle, y tapada con tierra como si fuera una montaña. En tiempos fue de 135 metros, pero la erosión... Para llegar a los guerreros hay que hacer un recorrido de 1.5 Km. a través de un parque casi desértico en construcción que quieren que esté listo para el 2008 (las Olimpiadas). La experiencia fue preciosa y como curiosidad decir que los guerreros son más grandes del tamaño natural de los chinos de la época actual y pasada. No sólo existe la sala conocida por todos, más grande que un campo de fútbol, ya que hay tres más. Una experiencia única.
Al llegar al hotel me dolía la cabeza, las piernas de no parar de andar, me costaba respirar... todo un suplicio. Y no pude dormir mucho. Cambié de planes, no voy a Kumming. Al día siguiente cogí el tren a Chengdu donde estoy ahora.
Una familia muy atenta se encargó de todo lo mío en el vagón, me dio de cenar y me preparó unas indicaciones para la ciudad. Pude dormir porque la cama en el tren era blanda. Todo un respiro, pero los dolores de cabeza seguían, así como el ardor por toda ella y la dificultad para respirar. El dolor de las piernas había desparecido al haberme dado baños en las piernas de agua fría y agua tibia.
Llegamos a las 5.30 y hasta las 7.00 no encontré un hotel porque los taxistas en esta ciudad son unos verdaderos retrasados mentales. Además perdí mi gorra en uno de ellos. He tenido que comprar otra. Esa tarde vi algo del barrio tibetano por hacer algo y al día siguiente me fui a la reserva de osos panda de Wolong.
Hoy he podido dormir a pesar de que la cama es más dura aún que la de Xi ' an. Lo he hecho seis horas; benditas horas. Me pongo de pie en ella y el colchón desciende menos de un centímetro. Ya veréis el video. He estado buscando los teléfonos de Air France para volver una semana antes porque estoy hecho una mierda y la comida no ayuda, porque para retener líquidos debo comer algo de sal, y aquí todo tiene poco o nada de sal; la mayoría es picante y muy especiada.
Sigo adelante porque no funcionan los teléfonos de Air France (6) con ni sin prefijos. Pero lo voy a hacer a otro ritmo. No me han dejado ni abandonar.


Crónica de la tercera semana
¡Esto se esta acabando señoras/es! Ya toca a su fin. He sobrevivido al infierno de Chengdu, la insolación y las pocas horas de descanso. He seguido muchos de vuestros consejos y al final estoy bastante bien (No estoy al 100% de todas formas). Os agradezco a todos los que os habéis preocupado, porque en verdad lo estuve pasando mal durante unos días.
A la vuelta me iré al medico a que me hagan una puesta a punto, sobre todo en el tema respiratorio. Bueno, estoy en Chongqing, a unos cuantos cientos de kilómetros al sur de Beijing, en el centro de China. Hasta aquí he llegado desde Leshan.
Os cuento como han ido estos días. Chengdu, la última ciudad antes de entrar en el Tibet, fue un horror por la humedad más que por el calor. Como ya os dije, descansar era una odisea, pero al final poco a poco... Estuve alojado además todos esos días en un cuarto piso, como si estuviera en casa, vamos. En Chengdu el primer día visité el templo de Wuhou, un militar que para la dinastía Qin consiguió muchas victorias. Es un parque hermoso, con muchos templos, y zonas dedicadas al esparcimiento, con bonsáis, arroyos...
Otro día fui a la reserva del oso panda. El 90% de los pandas que no están en libertad del mundo están aquí. Pasamos toda una mañana y, aunque fue duro, fue igualmente extraordinario. Y digo pasamos porque por fin pude hablar con alguien; un americano que andaba recorriendo la China rural. En cuanto a los osos panda, están en semilibertad y se acercan a los caminos porque los cuidadores les dejan el bambú cerca de ellos. Grabé unos cuantos videos muy graciosos, de peleas entre ellos, subiéndose a los árboles... con lo inútiles que parecen. Eso sí, son vagos hasta decir basta. Menudas zampadas.
En Chengdu no hice mucho más, no me daba para más. Así que me fui a Leshan, una ciudad de 160.000 habitantes. Ya estaba harto de ciudades de cuatro (Chengdu), cinco (Xi ' an) o trece millones (Beijing). A pesar de que esta ciudad era pequeña, los taxistas laboralmente seguían estando en el último escalafón intelectual.
Haceros idea de las distancias, las horas de viaje en bus, tren... esto es como el continente europeo entero. Como veis, el tema de la salud me ha hecho rebajar mis expectativas de ver más cosas y he dejado Macao y Hong-Kong para otra vez. Y en cuanto a lo del viaje por las Gargantas ésta no era la fecha más apropiada por las voladuras que están haciendo a final del recorrido.
En Leshan un día estuve viendo la ciudad, el parque de la música y las calles. En el viaje lo que he querido hacer ha sido precisamente eso, ver las calles, las gentes, el día a día... Otro lo dediqué a ver el Gran Buda de Leshan, el más alto del mundo desde que los talibanes tumbaran el que había en Afganistán. Este tiene más de 70 metros y está a la orilla del río, construido para que no se hundieran tantas embarcaciones. Tanto el río como el desfiladero por el que hay que pasar acojonan. Parece ser que con lo que le quitaron al monte rellenaron los fondos y ya no se hundieron tantas barcas. Milagro. Impresiona, digno de ver, pero esto esta perdidísimo de las rutas. No vi un solo guiri en los dos días de Leshan.
De ahí he venido a Chongqing, una gran ciudad (cinco millones), que dicen es lo más parecido a Shanghai que hay. Está llena de rascacielos y de noche parece una máquina tragaperras. No tiene nada que ver con lo que he visto hasta ahora.
Es como una ciudad europea ultramoderna. He dedicado una mañana entera a ver la unión de los ríos Yangtse y Jialing. Es aquí donde comienza el Gran Yangtse y desde donde empiezan los circuitos para ver las gargantas.
Por cierto, he descubierto un granizado de sandía con gelatina, gominolas, sirope y no sé qué más... ¡que es la muerte! Si lo llevo a Iruña me forro.
Mañana a las 11.40 cojo un vuelo a Beijing y allí me quedan los últimos días, viendo lo que me queda de la capital y haciendo alguna compra.
Bueno, y eso es todo, que estoy de buen humor (amarillo), de tranki, pero con ganas de volver. Este es ya el último mensaje que escribo, pero espero poder conectarme para ver vuestros mensajes en algún momento.


Crónica de los últimos días
Ya no queda nada, menos de 24 horas para abandonar China.
He de recordar este viaje como una experiencia única y excepcional en la vida. Algo que queda para siempre. Y no me refiero a los 3 Gb de fotos y videos. Sí que ha sido un poco locura, pero había que hacerlo. Y he disfrutado, aunque ha habido momentos realmente duros.
Mañana a las 9.00 cojo el avión a París y de ahí a Bilbao. Estos últimos cinco días en Beijing han servido para poder ver lo que me había ido dejando por el camino, lo que me habían comentado que también se podía ver y demás. Volver a patear las calles, en definitiva. He estado en el templo de los Lamas, el mayor del mundo fuera del Tibet. Impresiona ver lo fervientes que son, quemando incienso, orando de templo en templo... Pero no todo son budistas, hay también barrios musulmanes y varias iglesias cristianas (no sé si gracias a San Francisco Javier).
Otro día lo dediqué a ver los hutongs, que son las zonas bajas y antiguas donde tradicionalmente vivían los chinos (ahora casi todo son rascacielos y edificios corrientes en el centro) por esta zona cercana a la Ciudad prohibida. Son recovecos, callejones, llenos de vida, de comercios, puestos... algo diferente. Entre los hutongs y los grandes almacenes (algo caros) ya he hecho casi todas las compras, aunque ha habido cosas que no he podido encontrar. Las diferencias culturales e idiomáticas hacen lo suyo.
A los que habéis sido buenos ya os he cogido algo, que apretando bien la mochila y poniendo cara de poker al militar de turno en el aeropuerto... creo que colará. Eso espero, al menos.
También he visto la ciudad de noche, Tiananmen iluminada... y he comido pato a la pekinesa en uno de los mejores restaurantes de Beijing, en el que habían cenado Castro, Bush padre, Arafat... y un largo etcétera de insignes personajes que culminan conmigo. Estaba cojonudo, de veras, y se come enrollado como un creppe con cebolla y salsa de soja. Ya os contaré.
Por lo demás ya tengo ganas de veros a todos y todas y disfrutar el sábado en la boda (a ver si al final tengo cubierto jajaja) y a la noche por ahí. A ver si responde el cuerpo, porque tengo corbata nueva.
En principio vienen Oskar y Fertxo a buscarme a las 20.00 el viernes a Bilbao, con lo que a las 22.30 ya estaremos en Pamplona. Enviadme un mensaje si hay algún cambio para que busque otra forma de volver a Pamplona. ¿Ok?
Un abrazo valorado en muchos yuans y xiexie a todos por aguantarme, Zaijiang!

Textos y fotografías: Mikel Razkin. 2006.