La clase política, por prometer, te promete hasta la Luna si hace falta. Algo parecido prometió el peculiar Aniceto “Petit”. Quería traer el mar a los pies de Pamplona. La prensa de la época, entre finales de los siglos XIX y XX, lo recordaba como un personaje “rechoncho, pequeño y mofletudo, aficionado a los vinos y a los cigarros puros, y vital y comunicativo”. Este estellica quería lograr era el acta de concejal de la capital navarra.
Más exactamente su programa rezaba lo siguiente: “1. Traer un brazo de mar, con barcos y todo, desde Pasajes a la Rochapea, donde se construirá un puerto marítimo. 2. Traer el pescado desde el Cantábrico directamente por tubería; disponiendo de esta forma los pamploneses de pescado fresco en inmejorables condiciones. 3. Solucionar el paro obrero suprimiendo el monte de San Cristóbal, y dejando en su lugar una gran llanura”. La idea era poder contemplar el mar desde las murallas de Pamplona y que sus orillas bañaran los barrios de la Rotxapea y Magdalena. Para qué tener que ir hasta Ondarreta o Zarautz, por qué habría que degustar el pescado en salazón, qué mejor cantera que una montaña entera…
Finalmente, y por desgracia para algunos, Petit no pudo traer el mar a la ciudad, por lo que la gente siguió bañándose en las aguas del Arga. Eso sí, playa ya había, la de San Pedro en la mismísima Rotxapea.
Sin embargo, dejando de revolver en la historia este caso me recuerda al de alguien de más actualidad. Creo que hoy en día esta propuesta es comparable a la de las escaleras mecánicas que han de enlazar la Rotxapea con el Casco viejo. La idea viene de lejos ya; no es cosa de dos días.
A mí me da que el proyecto inicial era dinamitar por completo la pequeña meseta sobre la que se levanta la parte vieja de Pamplona. Pero parece ser también que quienes mandan en el ayuntamiento creen que toda la dinamita la tienen los de los pasamontañas y las metralletas. Por eso, como le pasó a Petit antaño, al final había que decantarse por un plan alternativo. Pero dicho plan, el de mejorar las comunicaciones entre la Rotxapea y el centro, no se podía hacer de otra forma. No es posible mejorar el servicio de buses, abaratar las tarifas o aumentar las frecuencias de los recorridos. No, por favor, que eso sale más barato.
Así, para terminar ya, tan sólo comentar que las similitudes entre los casos de Petit y de quienes gobiernan en Pamplona a día de hoy dan para muchos más artículos. Pero la diferencia es una, que lo que ocurre ahora no es para tomárselo a risa.
Texto: Mikel Razkin. 2006.
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