Séneca en el siglo I narraba fielmente lo que ocurría ante sí. Su ágil pluma supo resumirlo fielmente en la siguiente sentencia: “Gallus in suo sterquilino plurimum potest – El gallo tiene mucho poder en su estercolero”.
Hoy en día, dos milenios después, aquella frase que aparece en la “Apocolocyntosis” vuelve a cobrar una inusitada actualidad. Se nos casa el Príncipe heredero con una plebeya. El cuento de la Cenicienta hecho realidad; mezclará su sangre real y azul con la del pueblo (que parece mentira que sea roja). Esto es en verdad una realidad más difícil de digerir que los cuentos de hadas. Historias para no dormir, quizás.
Estos días estamos viviendo una serie de acontecimientos muy pero que muy especiales. Madrid engalanada de terciopelo, flores, aguamarinas, uniformes, porras y cascos. Las estrellas surcarán los cielos junto a los F-14. Y en este tercermundista país que se rasga las vestiduras por la cuarta derrota consecutiva de los galácticos merengues, en donde asesinar a tu mujer en Cádiz resulta judicialmente más barato que quemar un contenedor en Hernani, los días de pan y circo vuelven dos mil años después. En las cercanías de la catedral de la Almudena miles de enfervorizadas voces becerriles se tostarán al sol para ver a quienes, como decía Evaristo, se lo montaron siglos atrás divinamente, que no por voluntad divina. Una verdadera pena, Ronaldo está lesionado y tendremos que comprar el Hola! o el Diez minutos el lunes.
Control. Esa es la palabra clave este fin de semana. Después de Eurovisión, boda real y final de liga. No nos lo podemos perder. Todo estará bajo control. Papá Juancar se encarga de todo. Ya le dirán al Príncipe si su atleti, durante los postres y en animada conversación con Letizia con zeta, se ha clasificado para la UEFA. Todo controlado, cada segundo, cada centímetro, todo. Y cómo no va a estarlo, si hoy en día se hacen ensayos hasta en las comuniones de parroquia de barrio.
La vida no es justa; es real, pero es injusta. La única función que conocía hasta ahora de nuestro Príncipe heredero era que debía casarse con un igual a él, una prima hermana suya, lo mismo que hizo su abuelo y su tatarabuelo. Mantener la estirpe; eso es lo que importa. Y si no es así, al turno de noche de la Volkswagen, como todo hijo de vecino si tiene suerte y contactos.
¿Por cuánto saldrá la broma? Es claro que todo en esta vida cuesta dinero, así que dividan los cientos de miles de euros (1 euro = 166,386 pesetas) que cuesta el enlace entre cuarenta millones de borregos y verán cuantos euros para cafés o cañas nos van a sisar este fin de semana. “Si no quieres, no lo veas”; y qué más querría uno, o más bien desearía, que poder abstraerse de la realidad. Harto imposible. Los medios de comunicación, los miles de curiosos, los miles flashes, los millones de letras, los litros de tinta… los millones de pesetas. ¡Cómo escapar del control!
Todo está preparado para que el país se paralice. El sábado 22 de mayo las calles estarán desiertas a las once de la mañana. ¿Quién será el colgado que compre el pan y la leche a esa hora? Triste es el adjetivo más sencillo con que calificarlo. ¡Se nos casa el Príncipe heredero y el Rey estará visiblemente emocionado!
Digo yo que serán felices y comerán perdices porque les habrán concedido una VPO, ¿no? Y es que el gallo del que hablaba Séneca sabe muy bien lo que debe hacer para tener su estercolero bien tranquilo. A los romanos de la época Nerón les daba circo; a nosotros nos tiran directamente a los leones.

Texto: Mikel Razkin. 2004.