Esta mañana la hemos dedicado a pasear por el centro de la cudad. Queríamos ver los distritos financieros y administrativo, ver dónde toca la Orquest Sinfónica de Sn Francisco, ver algo de vidilla por las calles. La cosa es que hemos empezado a caminar y parece que nos hemos metido en algunas calles que no eran del todo seguras. De hecho, durante unas manzanas hemos tenido que guardar nuestras cámaras porque nos sentíamos un tanto observados. Mucha gente tirada, personas bebidas, grupillos de personas trapicheando, gente controlando las calles desde los cruces... "¿Turistas aquí?" - parecían decir algunos. Y así era, hasta el punto que un chaval ha salido de una tienda diciéndonos: "Oh, my God, guys!" (¡Oh, Dios mío, tíos!), como queriéndonos decir a ver dónde nos habíamos metido.
Pocas calles después hemos dado nuevamente con Market Street y hemos llegado a la zona más cercana al City Hall. Realmente majestuoso. Hemos paseado por las cercanías de los muchos auditorios que se suceden por estas amplias calles, rodeados en ocasiones de estudiantes que participaban del mismo recorrido que nosotros. Lo curioso era ver cómo se montaban después en esos famosos autobuses amarillos de vuelta al colegio.
Tras una cerveza junto a la zona universitaria de leyes, de camino al bus turístico, hemos visto unas cuantas mesas en medio de la calle donde la gente jugaba al ajedrez por dinero. El primero en probar suerte por 5 dólares he sido yo. En el sorteo me ha tocado jugar con las blancas enfrentarme a una siciliana con mi ataque clásico. He sacrificado un peón para colocar una torre en octava y meterle presión, pero la bandera me ha jugado una mala pasada. Mi rival, un jugador cubano, posteriormente ha empatado 1-1 con Ángel, que ha estado mejor en todo momento contra él. Después, hemos comido en un mexicano y nos hemos dirigido al bus turístico para cruzar la bahía a través del Golden Gate.
La excursión con el bus al puente del Golden Gate ha sido toda una experiencia. Nos hemos montado en la parte superior del bus, que estaba descubierta. Mientras estábamos en el interior de la ciudad todo iba bien; sólo había que vigilar las ramas de los árboles, que trataban de estamparse contra nuestras caras. El problemas ha sido que, cuando comenzaba a atardecer, la temperatura comenzaba a descender y el viento cobraba más vigorosidad a cada momento. Una vista maravillosa de la ciudad y toda una gozada haber discurrido por esta maravilla arquitectónica de antaño.
Ya con la luna sobre nosotros hemos paseado por Chinatown. Hemos tenido que escalar todas y cada una de las lomas de la ciudad para llegar a esta zona. La verdad es que ha sido cruzar una calle y meterte de lleno en el corazón de Beijing. Todos los carteles en chino, sólo escuchábamos esa lengua y, salvo nosotros, toda la gente pertenecía a esa raza. Era digno de contemplar; habíamos cruzado el océano Pacífico en sólo unos minutos.
Y finalmente, poco más allá, se entrecruzaban los locales chinos e italianos, Little Italy nos daba la bienvenida. Llevábamos un rato buscando un garito en el que descansar un poco para refrigerarnos. Y, sin saberlo, nos metimos en el bar-restaurante de Francis Ford Coppola. Gran servicio, buena conversación con los clientes, que nos regalaron unos cuantos artículos navideños y fresas con chocolate y todo. El "padrino" del local, que había nacido seis manzanas abajo, nos invitó a volver de nuevo. Nos encantaría.
Texto: Mikel Razkin. 2009.